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Ambientación y Documentación

Un tema que da para muchos consejos… De momento sólo daré una pincelada. Confieso que la documentación no es mi fuerte; tal vez por el tipo de historias que escribo, tal vez por pereza. Así que matizo este consejo con la prudencia de la duda (¿alguien puede darme un consejo a mí?). Aún no se me ha ocurrido escribir un libro que exija una documentación profunda. Por ejemplo, y aunque el caso no es muy paradigmático, Dan Brown y su famoso “El código Da Vinci”; una de las cosas que mucha gente olvidó es que el autor, aunque se documentó lo suyo (y sorprende que luego cometa las torpezas, no sé si deliberadas y ofensivas, de “La fortaleza digital”), no era un ensayo histórico; es decir, era ficción. Y la ficción implica inventar, interpretar, jugar con los datos. No hacía falta tanta polémica para una simple novela (salvo porque el autor y las editoriales sabían muy bien lo que se estaba vendiendo). En fin, lo que trato de decir es que si uno ha de escribir sobre un contexto o época que no conoce directamente (por ejemplo, un viaje a Australia), primero habrá de recopilar datos (o darse un garbeo por allí…) para hacer verosímil la historia que se pretende contar, más aún si pretende ambientarla en una época pretérita. Uno necesitará saber qué ocurrió, cuál era o es el contexto sociopolítico, etc. Pero no necesita saberlo todo, o más bien, no necesita contarlo todo. Basta algún detalle que nos transporte a aquella época, pero no una extensa descripción de paisajes y costumbres para demostrar nada al lector. Una serie de simples detalles (una mirada, un desfile, una noticia en el televisor, un recuerdo…) pueden bastar para lograr la verosimilitud. Uno debe conocer más información de la que cuenta, eso nunca hay que olvidarlo.

El requisito de documentación depende de la profundidad y complejidad del texto; es muy fácil acabar metiendo la pata por conocer las cosas de oídas, y pongo un ejemplo cachondo: tendría gracia que un escritor extranjero intentando describir una playa típica de la costa de la Región de Murcia acabase destacando “el ordenado y ocasional desfile de los bañistas hacia las papeleras depositando sus basuras y colillas”; así, nuestro escritor despistado que se ha leído los folletos turísticos describiría las arenas como limpias, y las aguas como libres de toda medusa… No digo con todo este rollo que uno deba desplazarse cada vez que debe escribir sobre algo que no conoce directamente, aunque eso no estaría nada mal; pero sí debe andarse con cuidado y recordar que no debe describir todas y cada una de las limitaciones del civismo y limpieza de los españoles, de los murcianos en particular, pero sí evitar cometer este tipo de fallos.

Bueno, y si uno no da más de sí… mira, recuerda que estamos escribiendo ficción, y si todavía sientes la necesidad de excusarte, hazlo al principio o al final de la novela a modo de nota aclaratoria permitiéndote “ciertas licencias” o disculpándote por los errores cometidos. Hombre, no seas tan… como Dan Brown y no digas verdaderos disparates sobre una ciudad, y menos si son ofensivos. Lo triste es que un escritor novel puede cometer una inocente metedura de pata y ser despreciado por ello, mientras que otros se inflan a vender libros que riman con basura.

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