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  • Consejo 6.
    Oro parece… plata-no-es.

(Este consejo se lo dedico a David Jasso, que fue quien me avisó de esta manera de meter la pata; justo cuando me creía yo libre de cometer errores tan evidentes…; humildad, humildad. Sólo espero que no me exija derechos de autor…).

Pues revisando yo una de mis novelas hice un conteo con el Word (a sugerencia de este amigo escritor que he mencionado) a ver cuántas veces utilizaba la palabra “parece” o “parecía”… Demasiadas, os podréis imaginar, más de doscientas. Podría ser normal en textos muy largos (de más de doscientas páginas), más teniendo en cuenta que esta palabra tiene varios significados y forma muchas expresiones válidas y útiles en según qué contexto (“no se parecía en nada a su sobrina”; “no le parecía lo más adecuado en este momento”). El problema viene cuando se utiliza como coletilla en sustitución de verbos como por ejemplo “ser” o “estar”, y sin fundamento. Es decir, utilizarlo para narrar un hecho o describir algo del tipo: “parecía envuelta en una aureola de maldad”.
Pudiera ser que el autor quisiera aportar un matiz de duda a dicha descripción, pero normalmente no será el caso. Nuestras narraciones deben tener credibilidad y seguridad, es decir, no queda muy bien utilizar la coletilla “parecía” para describir las cosas como si nuestra voz narrativa no estuviera del todo segura de lo que nos cuenta, o como si tuviera miedo a equivocarse y no estar contando bien la historia. Por supuesto, ésta podría ser nuestra intención desde un principio, en ese caso no habría nada que objetar. El problema viene cuando lo utilizamos por hábito y sin darnos cuenta de cuándo está mal empleado en función de lo que pretendemos.

Otro ejemplo: “no parecía recordar nada del accidente”.
En este caso el uso del “parecía” podría estar justificado por el hecho de que la persona que no recuerda lo del accidente pueda estar fingiendo. Pero lo que trato de reflejar aquí es el vicio de narrar con precaución, como si tuviéramos que estar preparados para cuestionar cada oración que escribimos. No debe ser así, tenemos que tener entidad como escritores y representar escenas y acontecimientos sólidos, sin dar lugar a ambigüedades ni vacilaciones. En este último ejemplo, si asumimos que el personaje no recordaba nada del accidente, no estaba fingiendo, ni tampoco estaba en un error, el escritor, que debe estar al tanto de todo lo que saben sus personajes, no tiene por qué recurrir a la coletilla, sino que debe limitarse a decir “no recordaba nada del accidente”.
“Parecía” es una coletilla útil y necesaria, pero sólo cuando la situación realmente lo requiera. En caso contrario, estaremos transmitiendo al lector un mensaje débil. ¿Está ese personaje realmente envuelto en una aureola de maldad, o puede que no lo esté? El escritor debe saberlo, y por lo tanto sus personajes, y si sus personajes lo saben, así deben aparentarlo ante el lector. Si no están seguros de lo que pasa y ésta era la intención del escritor-narrador, entonces si estará justificado el uso de expresiones que manifiesten un grado de incertidumbre.

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