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Ojo con los deus ex machina

Detesto los latinajos, pero reconozco que este me viene la mar de bien para lo que pretendo ilustrar. Hay veces en que un objeto, una persona o cualquier otro elemento de nuestra obra desempeñará más tarde un papel importante, incluso resolutorio. Por ejemplo, un bote de insecticida que acaba con el terrible y baboso monstruo del final (insecticida del bueno, oye). Pues bien, en este ejemplo, si nuestra intención es darle un papel determinante a un objeto en principio trivial, deberemos procurar presentar dicho bote de insecticida lo antes posible, para que después no parezca una solución inesperada traída por los pelos (un deus ex machina).
Ojo, esto no quiere decir que nuestro insecticida no actúe como solución inesperada cuando todo parecía perdido, sino que debemos disimularlo, que no lo parezca y que el lector no se sienta estafado (sí, claro, ahora aparece ese insecticida de la nada y…). Nuestro insecticida, sea o no un deus ex machina, si es un objeto de relevancia en la historia, ha de ser presentado y destacado cuanto antes, no vale que en una descripción somera figure un “insecticida, un lavavajillas y un bote de desodorante junto a la ventana”. Pues eso.

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