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La descripción del personaje, ¿cuándo?

¿Se debe describir física y psicológicamente al principio, de golpe, o hay que hacerlo progresivamente? Si yo quiero describir a un personaje con muchos tics, manías, cicatrices, tatuajes, prendas de vestir, además de toda clase de ideas y pensamientos, ¿cómo lo hago?

Esto está relacionado con lo de “mostrar” y “decir” (esa regla básica de la escritura), de modo que podríamos decir cómo es nuestro personaje, al estilo decimonónico, al comienzo de la presentación del mismo, atribuyéndole adjetivos como que es astuto, mujeriego y muy apasionado, por ejemplo. O también podríamos mostrar cómo es en el curso de la acción, describiendo qué hace y dice, y si acaso qué piensa.

Pues bien, la duda sigue siendo si conviene soltarlo todo desde el principio o si por el contrario, especialmente en una novela, es mejor ofrecer una pincelada cada vez. En el primer caso está claro que si el espacio del que disponemos es breve y tenemos que describir al personaje, lo haremos “diciendo” cómo es, y lo haremos con calificativos por norma general. Esto puede ayudarnos cuando es un personaje que no va a volver a aparecer o si creemos que conviene una descripción general y puntual para poner en situación al lector.

Como todos los recursos, su uso depende siempre de la intención del autor. Yo prefiero mostrar cómo son los personajes en lugar de decirlo, salvo que sea una referencia que hace un protagonista sobre otro personaje que ni siquiera aparece en la historia pero al que se le menciona por un motivo u otro. Los personajes se van desarrollando, y es preferible dejar que el lector se haga una idea de cómo son conforme avanza la historia.
Es como si un día te presentan a alguien y pretenden contarte en cinco minutos todo sobre esa persona. Parece un poco forzado, no contextualizado (podemos ser personas “distintas” en escenarios distintos), y además no nos permite profundizar en su psicología ni entender cómo evoluciona con la historia, cómo aprende.

Por supuesto, tú puedes decir cómo es un personaje en líneas generales y al principio del texto o capítulo, y a lo largo de la historia mostrar lo que hace y aportar más información, pero yo, aunque depende del caso, me ahorraría esas presentaciones decimonónicas y el exceso de información inicial en resúmenes o ráfagas de calificativos.

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