Etiquetas

, , , ,

Ganador en el certamen de microrrelatos del Taller de Cuentos

“No me puedo creer que me hayas mentido”, dijo María, los brazos en jarras; su larga melena negra, más salvaje que nunca.

José, frente al espejo, sentado al borde de la cama. En cualquier momento se deslizaría y daría con las rodillas en el suelo.

“Pero, amor”, dijo, sus ojos grises, suplicantes, “lo que había en el vaso no era sangre, sino tomate”.

“¡Ya! ¿Y la palidez?”

“Amor, sabes que trabajo de noche y…”

María lo aferró de la capa y le hizo mirar el espejo: “¿Y ESO?”

“Mujer, solo es un reflejo…, ¿qué más da que no tenga?”

© Javier Vivancos

Anuncios