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Los casos de desapariciones de menores pueden contarse por miles tan solo en España. No quiero entrar en la estadística ni en desmenuzarla, pero es un tema que trastorna a poco que lo pienses, y todo lo que implica, el destino que les intuimos a esos desaparecidos, ha sido un tema recurrente en muchas de mis historias.

No hace tanto regresó Lobatón, se están haciendo documentales y películas sobre el caso Alcàsser, y Tenue está ahí, como si fuera parte de ese resurgir del interés por un tema que nunca se ha marchado ni debería hacerlo. Pero lo que intento es ponerme del lado de las víctimas y de la verdad, la que no termina de salir a la luz del todo, la que tampoco queremos mirar de frente.

En los noventa, aunque a cierta distancia de mi árbol genealógico más directo, viví la desaparición de un joven cuyo cadáver nunca fue encontrado (aunque se sospecha dónde puede estar). No viví el drama, digamos, de primera mano, pero tiempo después sí me hizo darme cuenta de que todo esto no es algo que solo les pase a los protagonistas de las películas de terror.

Sin embargo, creo que la mejor forma de hablar de esto es meterle una banda sonora, algo de maquillaje, y hacer que parezca tan solo una historia fantástica más. Así, quizá con esta magia podamos acabar de una vez con los verdaderos culpables.