Imágenes

Prólogo de mi catarsis

Te veo…
… ¿Sabes que aún puedo verte?, estás en mi cabeza, tú, tu silueta, la veo, aunque cierre los ojos, siempre está ahí… o allí, tras el cristal, pero yo también estoy allí, en ese mismo lugar en donde…, no, no, aún no estoy preparada.

El horror y el placer

Belén yacía en la alacena del taller. Una de sus piernas regordetas sobresalía por el hueco que dejaba una de las puertas. Un charco de sangre decoraba el suelo de hormigón bajo aquel calcetín inmóvil, lo decoraba a juego con nada.

Yo me compré una moto nueva

Es lo bueno de proceder de una familia como la mía: puedo permitirme el lujo de comprar esta motocicleta por Internet, una Suzuki RM250 de 249 centímetros cúbicos. Puedo gastarme casi seis mil euros en el “caprichito” y gozar. Qué le voy a hacer; me gustan las motos.

Alicia

No se lo podía creer.
El aburrimiento se esfumó de inmediato, y en su lugar se instauró una emoción apagada pero turbadora. Su compañera la seguía observando de reojo con curiosidad, a ella y al pequeño teléfono de última generación.

Sara

Tratando de ocultar una sonrisa maliciosa, dejó caer adrede la moneda y se acercó provocativamente a recogerla. Dedujo por el leve parpadeo de luz en la mirilla que aquel degenerado estaba observándola.

Carlos

Carlos consideraba banal charlar sobre anuncios de perfumes o sobre la modelo de turno con cuello de cisne. También consideraba impropio de él suspirar por una mujer tan superficial y engreída.

Cabeza Vaca

Demetrio bajó el volumen del televisor; el dolor de cabeza regresaba. Se había propuesto parar en la segunda lata de cerveza, pero la cadena de pensamientos lo estaba llevando demasiado lejos, y quería adormecerse antes que acabar enloquecido por la duda. Se recostó con la lata en la mano (y en la boca), y siguió reflexionando.

No me rindo tan fácilmente

¿Se está riendo de mí?
No veo en la pantalla una negativa clara a mi ofrecimiento. Más bien detecto la burla, el insulto, un desafío, y deseo aclararlo con ella. ¿A qué viene esa reacción después de tanto tiempo? ¿Es que sabe la verdad?

Hoy es jueves

Ojos sin rostro, bocas y sonrisas de colores, cuerpos que giraban o se movían como un péndulo, ropa cara, ropa barata, y ese sonido contundente que te obligaba a agitarte por dentro y por fuera aunque no quisieras. El roce ocasional con una prenda, con una piel, el olor de la transpiración, de la respiración de otro, las esquinas muertas de la estancia como único remanso de paz. Y esa mirada entre cabezas anónimas. Dura y penetrante. Inspeccionando, tocando, empujando.

Al final te encontraré

Debo saberlo.
¡Joder!
Golpeo la mesa con el puño.
JODERJODERJODERJODER…
Golpeo de nuevo. Los papeles saltan.

Un fin de semana cualquiera

Un narciso.
¿Cómo sabes que era para ti?…
… Porque es evidente, ¿no?
Había vuelto a pensar en ello, pero la planta, su compañera durante todo el viaje hasta la costa, lucía (o deslucía) ahora en una apartada esquina de la casa de la playa.

Familia

Todo poseía un significado, de niño, en casa de sus ya difuntos padres. Recordaba Pliego con cariño. Siempre se había considerado un chico romántico y nostálgico. Su madre pensaba igual. Incluso su padre hacía comentarios sobre lo atontado que estaba su hijo. Pero su hermano mayor no lo veía así, porque no entendía que disfrutase destripando gorriones, y a veces se enfadaba con él; y decía: “Miguel, ya estás otra vez cazando pájaros. Estás enfermo”.

Novias

Días y más días en esa jaula hecha de edificio, recorriendo siempre los mismos circuitos cerrados, yendo como muy lejos a Casas Nuevas, Miguel tenía demasiado tiempo para sus obsesiones.

Demasiado ocupada

El aire fresco acarició su rostro. Eso le agradó. Sus pendientes le daban ocasionales golpecitos en el cuello, detalle del que normalmente no tomaba conciencia. Ahora en su ensimismamiento tomaba conciencia de muchas cosas, pero no las disfrutaba con plenitud. Estaba cansada de caminar.

Empiezo a hartarme de ti

Empiezo a estar harto de los mensajitos.
Empiezo a estar harto de calentarme la cabeza por esta chica.

Cae la noche y la música no cesa

Unos guantes de látex, los cuerpos encerrados en el dormitorio, más vendas, las llaves, el suelo bien limpio, la música a nivel constante, Félix viendo la televisión, los cuerpos inmóviles, ningún fastidioso móvil operativo, cordel de embalar que había encontrado en un cajón, no llevaba zapatos, gruesos calcetines, posibilidad de visitas reducida, hora nocturna, soledad, los cuerpos sucios y sin ropa…

Una mala vida conduce a otra

Le había puesto un cojín a la espalda para que el respaldo no le fuera molesto, y pensó que para las nalgas el propio acolchado de la silla estaría bien. Le atusó el pelo con la mano, le pasó una toallita fresca y húmeda por el rostro, le buscó unos viejos calcetines para los pies descalzos y se quedó susurrándole al oído.

Una temporada en el campo

Le habían cambiado la mordaza una sola vez, y le habían dado el tiempo suficiente para nada, si acaso para mover las irritadas comisuras de los labios y arrugar estos en una mueca de amargura mientras con la garganta emitía algunas sílabas ahogadas clamando compasión, libertad, cordura.

Pasto de los ladrones

La cámara empezó a temblar. No, la cámara no, sus manos. A pesar del reducido tamaño, las imágenes le llegaron inmensas, como en el cine. Quería despegar la mirada, pero no pudo. Era enfermizo.

Traición

—¿Qué le vas a hacer a esa chica?
¿No deberías preocuparte por lo que te va a hacer a ti?

Cuánto necesitaba despejarme

Yo y mi moto. Yo y la humedad reconfortante bajo y sobre las pendientes. Un momento de entera regeneración, un bálsamo para las heridas. La arena levantada bajo mis ruedas me saluda.

Tu silueta

¿Tú qué miras?
(Le conozco, está en mis sueños, escondido en ese mensaje)
¿Qué miras?
(Te veo… Veo tu silueta)

Mi propio epílogo

No recuerdo si le dije que no era una buena idea, que no me gustaba aquel sitio, que había demasiadas botellas de cristal vacías y rescoldos. Tal vez no se lo dije.

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